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La felicidad

La felicidad

La felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena. Tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas. Es definida como una condición interna de satisfacción y alegría.

Se entiende en este contexto como un estado de ánimo positivo, la capacidad de abordar una tarea llevándola al término propuesto. El resultado final complace a la persona que acomete dicha tarea. Como resultado de una actividad neural constante en un entorno con variables ya experimentadas y conocidas, los distintos aspectos de la actividad mental fluyen de forma armónica, siendo los factores internos y externos interactuantes con el sistema límbico. En dicho proceso se pueden experimentar emociones derivadas, que no tienen por qué ser placenteras, siendo consecuencia de un aprendizaje ante un medio variable.

Es un estado subjetivo que sin embargo puede objetivarse para su análisis. Los siguientes son ejemplos de disciplinas con aproximaciones objetivas :

  • La Filosofía estudia su concepto y realidad.
  • Psicología positiva: Intenta determinar los factores endógenos que el individuo puede manejar para alcanzar ese determinado estado de ánimo.
  • La Sociología: Se ocupa de analizar qué factores sociales determinan los objetivos que el sujeto se marca como meta para alcanzar estados de felicidad.
  • La Antropología: Muestra cómo distintas culturas han establecido cánones distintos al respecto.

 

Otras definiciones

Según la filosofía

La pregunta sobre la felicidad es esencial en el surgimiento de la ética en Grecia. Los filósofos encontraron respuestas muy diferentes, lo cual demuestra que, como decía Aristóteles, todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo empiezan las discrepancias. En la filosofía griega clásica hay tres posturas:

  • Ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano (eudemonismo), postura defendida por Aristóteles. En cierto sentido, también Platón puede ser encuadrado en esta postura, si bien el horizonte de la felicidad, según Platón, se abre a la vida después de la muerte.
  • Ser feliz es ser autosuficiente, valerse por sí mismo sin depender de nada ni de nadie (cinismo y estoicismo).
  • Ser feliz es experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico (hedonismo). Es la postura que defiende Epicuro.

Entre eudemonismo y hedonismo existe un desacuerdo fundamental. Aristóteles considera que ser feliz es ser humano en el más pleno sentido de la palabra. Epicuro, por el contrario, se pregunta qué es lo que mueve a los humanos a obrar, porque la felicidad consistirá en conseguirlo, y esa cosa es el placer.

Aristóteles sostiene que todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil definirla y describirla. De ahí se aprecia la divergencia de opiniones respecto a cómo entender la felicidad; placer para algunos; honores para otros; contemplación (conocimiento intelectual) para otros, de acuerdo a otros puntos de vista. Aristóteles rechaza que la riqueza pueda ser la felicidad, pues es un medio o para conseguir placeres o para conseguir honores, pero reconoce que existen personas que convierten a las riquezas en su centro de atención.

No obstante, para Aristóteles, éstos no son más que bienes externos que no son perseguidos por sí mismos, sino por ser medios para alcanzar la felicidad, ya que es ésta la única que se basta a sí misma para ser autárquica y perfecta. Los demás bienes externos se buscan porque pueden acercarnos más a la felicidad, aunque su posesión no implica que seamos íntegramente felices. Puesto que no por poseer riquezas garantizamos nuestra felicidad. Tampoco solamente la consecución del placer nos hace felices. Normalmente necesitamos algo más para serlo y eso nos distingue de los animales. Sin embargo, aunque estos bienes particulares no basten, ayudan, y en esto Aristóteles mantiene una postura moral bastante desmitificada y realista, el bien no puede ser algo ilusorio e inalcanzable. Sin ciertos bienes la felicidad será casi imposible de alcanzar. Para Aristóteles la felicidad humana se basa en la autorrealización dentro de un colectivo humano, adquirada mediante el ejercicio de la virtud.

Existen también otras muchas escuelas filosóficas que han trabajado el tema de felicidad individual en otros términos, a saber, el epicureismo entiende la felicidad como autosuficiencia en el placer moderado, los estoicos piensan la felicidad como fortaleza en la aceptación de una existencia determinada, racionalistas como Leibniz defienden la felicidad como adecuación de la voluntad humana a la realidad, utilitaristas como John Stuart Mill defienden un concepto de felicidad como satisfacción de los placeres superiores, entre otros...

Para algunos autores ‘’"New Thought"’’, la felicidad es una actitud mental que el hombre puede asumir conscientemente, es decir es una decisión.

La idea de que la felicidad sea una decisión, la argumentan del hecho que el hombre haya buscado muchas formas de encontrar esa felicidad en muchos aspectos, y aun así, parece esquiva para la mayoría de las personas.

Al descubrir que existen seres felices e infelices en todas las diversas condiciones socio-económicas, geográficas, de edad, religión, sexo, estados mentales (hay personas con problemas mentales que a pesar de ello son realmente felices), estos concluyen que cuando el individuo decide aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese momento y construir su vida a partir de aquellos preceptos, el hombre es realmente feliz.

Tanto religiones tradicionales como pensamientos neoeristas declaran que cada persona tiene una función específica en el universo y que en el momento que la persona lo descubra y viva de acuerdo a ésta, será realmente feliz.

También existen varias corrientes filosóficas contemporáneas, entre ellas la "Nietzscheniana", que afirman que el hombre no es concebido para la felicidad, sino que está destinado a sufrir.

Según la religión

Para las religiones teístas, la felicidad sólo se logra en la unión con Dios, no es posible ser feliz sin esta comunión. Siendo la felicidad considerada como la obtención definitiva de la plenitud y el estado de satisfacción de todo tipo de necesidades es alcanzable sólo en ese grado después de la muerte.

Sin embargo, hay diferentes puntos de vista según la religión que examinemos. Para el cristianismo se expresa en la vivencia de las bienaventuranzas y las enseñanzas de la biblia (especialmente los evangelios) y en el seguimiento y comunión con Cristo resucitado a través del Espíritu Santo. Muy semejante a esto es el camino musulmán.

El hinduismo a pesar de tener una revelación divina distinta de la cristiana y musulmana, plantea la felicidad como un estado permanente del alma humana eterna que debe ser descubierto (iluminación) y que lleva a la vivencia natural de la felicidad. No se alcanza por obras sino que las obras son consecuencia y deber de ese estado "descubierto" que lleva al hombre a descubrir la unidad esencial de su alma con el espíritu universal (Dios) y con todas las almas. En conclusión la felicidad en religiones como la cristiana, musulmana o hindú es comunión lograda o descubierta, tarea del ser humano y gracia del Dios Creador.

La excepción entre la grandes religiones organizadas del mundo la constituye el budismo, que aunque es una religión emparentada históricamente con el hinduismo, sin embargo es no-teísta, al no existir ni un creador, ni un alma. El budismo considera que la felicidad duradera se alcanza al erradicar el anhelo ansioso, lo que a su vez se consigue solo al "despertar" de la ilusión del "yo", es decir, el mantenerse consciente y atento a la auténtica naturaleza de la vida y la existencia

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Economía moral

Economía moral

Karlos Pérez de Armiño

Conjunto de mecanismos de solidaridad comunitaria y ayuda mutua, basados en relaciones sociales de reciprocidad, propios de las sociedades agrícolas tradicionales, orientados a satisfacer las necesidades básicas de toda la comunidad.

Numerosos autores, de los que Scott (1976) fue uno de los principales precursores, han señalado la importancia que la economía moral ha tenido históricamente, y en menor media aún hoy, entre las comunidades tradicionales precapitalistas. Destacan que la economía moral actúa como una red de seguridad tradicional que garantiza un mínimo bienestar a los sectores más vulnerables, al tiempo que facilita la implementación de las estrategias de afrontamiento frente a las crisis y los desastres, con lo que contribuye a aliviar e incluso, aunque no siempre, evitar su impacto (hambrunas, pérdida de los recursos productivos, quiebra de los sistemas de sustento, etc.).

La economía moral consta de una serie de mecanismos redistributivos y de ayuda recíproca, comunitarios y familiares, que constituyen una cierta red de seguridad social: intercambios no comerciales de alimentos (donaciones a los necesitados, regalos recíprocos, acuerdos de compartir alimentos a cambio de compartir trabajos, préstamos de alimentos, etc.), campos y graneros comunitarios, normas para labores colectivas, etc. Estos mecanismos se sustentan en relaciones sociales de reciprocidad a nivel de aldea, clanes, familias extendidas y otras redes sociales. Generalmente son relaciones de reciprocidad horizontales, esto es, entre personas, familias o grupos de la misma posición. Sin embargo, algunas sociedades tradicionales también han conocido sistemas de redistribución verticales, basados en relaciones sociales jerárquicas, de patronazgo o clientelismo. En ellas, la elite gobernante extrae recursos de sus dependientes (impuestos, tributos, etc.), que les son después parcialmente redistribuidos en situaciones de necesidad.

La economía moral se sustentaba en una cierta ética de la subsistencia, en la búsqueda del bienestar colectivo y no en el lucro personal. Aunque no exentas de desigualdades y pobreza, el objetivo prioritario que articulaba tales sociedades tradicionales (de las que perduran algunos ejemplos) no era la acumulación material, sino la reproducción y el mantenimiento del sistema social, debiendo garantizar para ello las necesidades de todos los miembros de la comunidad. Se trataba de un modelo sustentado en unas estrechas relaciones de parentesco, en el que el estatus social no era otorgado por la riqueza, sino por la posición ocupada en el complejo de relaciones sociales, y en el que la legitimidad de los líderes políticos se derivaba de su capacidad para garantizar las necesidades básicas de la comunidad.

Algunos autores, como Watts (1983:78-79), han señalado que existe una cierta mitificación de la economía moral y de su capacidad protectora, derivada de una visión romántica del período precolonial. En cualquier caso, parece ampliamente aceptado que los sistemas tradicionales sí han proporcionado una ayuda importante contra las amenazas a la subsistencia, aunque limitada. Scott (1976:9) advierte que carecían de capacidad para garantizar la subsistencia en caso de desastre colectivo. De forma similiar, Adams (1993) argumenta que funcionan en caso de crisis alimentaria de escasa gravedad, corta duración y que afecten sólo a algunos grupos de población en un momento dado. Pero, añade, si la inseguridad alimentaria se prolonga, agrava o extiende, el apoyo proporcionado por las redes sociales se reduce y se limita cada vez más a la ayuda a los familiares más cercanos, hasta el punto de que, en situaciones de crisis muy severas, las redes sociales, incluyendo las de las familias nucleares, pueden incluso hundirse totalmente.

Otro aspecto ampliamente aceptado es que el colonialismo quebró o debilitó seriamente la economía moral de las sociedades tradicionales, provocando así un incremento de su vulnerabilidad a los desastres. La introducción de la economía capitalista de mercado, sin perjuicio de otros beneficios que generó (mejora en las comunicaciones, diversificación de actividades productivas, etc.), insertó una nueva filosofía productiva, centrada en la maximización de la productividad en vez de en la prevención del riesgo, en el beneficio individual en vez de en el biestar de toda la comunidad. Las obligaciones tradicionales de solidaridad recíproca se vieron fuertemente erosionadas por los nuevos vínculos monetarios y por el aumento de las diferencias sociales, con una elite que acumulaba más recursos pero que había perdido parte de su legitimidad tradicional.

El aumento de vulnerablidad ante las crisis derivado de la erosión de la economía moral es preocupante sobre todo en aquellos países carentes de sistemas estatales de seguridad social. En este sentido, diferentes autores han considerado que las sociedades menos vulnerables a las crisis alimentarias son, bien las pobres pero autosuficientes y con mecanismos activos de economía moral, bien las sociedades modernas con un sistema público de bienestar. Las más vulnerables, por su parte, serían aquellas sumidas en un rápido proceso de modernización y proletarización, donde se ha pasado de una economía agrícola de subsistencia a otra de mercado, con lo que la economía moral ha desaparecido, pero todavía no ha sido reemplazada por los mecanismos propios de las economías desarrolladas. Amartya Sen (1980:173) ha contribuido a esta perspectiva al hablar de lo que denomina fase PEST (Pure Exchange System Transition, transición del sistema de intercambio puro), esto es, una etapa en la que se ha creado ya una amplia clase social de jornaleros asalariados, pero no existen todavía programas de seguridad social. Dado que las titularidades[Titularidades al alimento, Titularidades medioambientales] o ingresos de tales asalariados se caracterizan por su inseguridad, pues provienen del sistema de intercambio económico, no de su propio cultivo (como en las sociedades precapitalistas) ni de las transferencias del sistema de bienestar (como en el capitalismo avanzado), se trata de una fase de alta vulnerabilidad.

Esta proletarización y transformación económica, con la consiguiente merma de la economía moral, ha variado en intensidad según los lugares, habiendo sido mayores en el Sudeste asiático que en África. En la India, por ejemplo, las relaciones comunitarias de solidaridad se han debilitado más que en África, pero esto queda compensado por su mejor situación en otros frentes: programas de protección social y empleo por parte del gobierno y ONG, infraestructuras, instituciones democráticas (que reaccionan mejor ante las hambrunas que los sistemas autoritarios) y ausencia de conflictos (Swift, 1993). En lo que se refiere a África, la economía moral sigue siendo importante para muchas comunidades rurales, que no pueden confiar sólo en el mercado o en el Estado para afrontar períodos de escasez agrícola. Como revela Adams (1993) en su estudio sobre una aldea bambara del centro de Mali, las transacciones de cereal vía economía moral (regalos, crédito informal, trabajo a cambio de cereal) cubrieron un 25% de las necesidades de alimentos en el período de escasez que siguió a la escasa cosecha de 1988, al tiempo que los regalos, por sí solos, representaron un 10% de la producción. K. P.

EL SER HUMANO COMO SER MORAL

EL SER HUMANO COMO SER MORAL

Existe una diferencia fundamental entre el comportamiento del animal y la acción humana; mientras que el primero está gobernado por el instinto, la segunda se caracteriza por una gran flexibilidad para el aprendizaje. La acción animal aparece preprogramada o determinada, y el comportamiento humano, en cambio, se caracteriza por ser abierto y libre. Precisamente este carácter libre y abierto de la acción es lo que hace al ser humano responsable de sus actos. Un individuo que ante una determinada situación reflexiona, toma una decisión y actúa en concordancia con ella es el autor esa acción y, por tanto, debe responder de ella; es decir, debe estar dispuesto a recibir el reconocimiento o la amonestación de si mismo y de los demás.

Este carácter libre del actuar humano constituye también la base del carácter moral que posee en exclusividad. La libertad, es decir, la capacidad para decidir y elegir entre varias opciones posibilita que las acciones concretas que alguien lleva a cabo se ajusten o no a las costumbres y normas de su comunidad. Cuando el sujeto decide actuar de acuerdo con las normas asumidas, actúa correctamente (es moral); cuando decide libremente saltárselas, actúa incorrectamente (es inmoral). Pero, en cualquier caso, lo que no puede hacer es dejar de actuar en el marco de ese código normativo (ya sea acatándolo o violándolo); es decir, lo que no se puede hacer es ser amoral. Por eso, decimos que el ser

EL HOMBRE SER SOCIAL POR NATURALEZA

EL HOMBRE SER SOCIAL POR NATURALEZA

Con el siguiente ensayo se pretende dar unas posibles respuestas a la pregunta planteada por la docente María Cristina Machado: ¿El hombre es un ser social por naturaleza?
“Cuando el hombre ríe, hace reír, habla, piensa, calcula, cree, ora, festeja, escucha música, asiste a conciertos y hace cualquier tipo de actividad, pone en evidencia su constitutiva tendencia socializadora.”
“El hombre es el ser en todo el universo mas dependiente del otro”, ya que desde que nace, necesita de la madre para alimentarse, vestirse, estar limpio, no como algunos animales que solo están un corto tiempo con su madre y ya salen al mundo a defenderse por si solos como las tortugas que nacen y deben subsistir por sus propios meritos. Desde que empieza la vida el hombre busca siempre la compañía de otros, pues es un ser q no es autosuficiente, por que   requiere de la sociedad para satisfacer sus necesidades tanto físicas como espirituales.
Según Jean Jacques Rousseau (1712-1778),” El primer hombre al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir ‘Esto es mío’ y encontró a gentes lo bastante simples como para hacerles caso, fue el verdadero fundador de la Sociedad Civil”, según esta frase una sociedad necesita de varias personas para existir por lo tanto, cuando el ser humano es social por naturaleza, e interactúa con otros seres sociales, forman lo que se conoce como sociedad. Por mas que una persona no se adapte a una sociedad y viva en completa soledad, en su interior siempre va a tener algo social, pues la naturaleza propia es interactuar con los demás, formándose así como ser social, el solo hecho de saludar a los demás, convierte al hombre en social, pues esa interacción, del saludar es una acción social. El ser humano para su desarrollo, no puede vivir solo. Si lo hace, es un escapista. Puede creerse feliz en su soledad y su silencio, pero ese silencio no es un...

EL HOMBRE COMO SER SOCIAL

EL HOMBRE COMO SER SOCIAL


Muchas teorías científicas y filosóficas han querido abarcar este dilema, en sus principios se ha venido considerando que la base de esta concepción del hombre, como ser básicamente social, estaba en la famosa definición aristotélica donde este habla del hombre como animal político pornaturaleza, sin embargo la concepción de una realidad idónea para el desarrollo de este sistema no se puede dar sino desde un punto de vista amplio y abiertamente proporcional a los elementos que interfirieron mas allá de esa idea aristotélica.
Charles Darwin, en contra posición a esta teoría hace un énfasis mas general de este desarrollo, estableciendo dos ideas fundamentales, una de ellas supone que esto se debe a la adaptación del medio y la otra a las desadaptaciones del hombre. Así como estas teorías existen muchas, la mayoría de estas nacen de la sociología y de la crítica a lo que es el hombre, los grupos sociales y el contexto en el que se desenvuelven.
Todas las especies que se desarrollaron desde los principios mundo, lograron sobrevivir gracias a que se relacionaron con otros iguales a ellos, mientras más convivían con otros más aumentaban su sociabilidad y de esta forma obtenían dos elementos indispensables para su despliegue ideológico normal; el aprendizaje y la socialización.
Ahora bien si hablamos de la fundación de la sociedad, sin duda, esta se formó con la propia aparición del hombre. En la prehistoria la sociedad estaba organizada jerárquicamente, donde un jefe siempre era el más fuerte o sabio del grupo, ocupando el poder. No fue hasta la época griega cuando esta tendencia absolutista del poder cambió, dando paso a un sistema social en el que los individuos......

LA FAMILIA EN EL SIGLO XX

LA FAMILIA EN EL SIGLO XX

Durante este siglo y particularmente en las últimas décadas, se dieron cambios importantes en la familia. Actualmente, es común que una persona pueda elegir a su pareja. La sociedad ya no reconoce a los padres el derecho a disponer del futuro de sus hijos de la manera como lo hacían en el pasado. Las ideas modernas de la educación han convencido a mucha gente de que los niños y los jóvenes tienen derechos que deben respetarse. La educación obligatoria en las escuelas ha reforzado algunos valores familiares tradicionales y ha modificado otros.

Como consecuencia, algunas relaciones entre las personas han variado: en las familias donde la autoridad del padre es menos rígida que en el pasado, se le presenta la oportunidad de relacionarse con sus hijos y con su mujer de otro modo: a través del diálogo, el acuerdo y la tolerancia.

La madre ha adquirido más poder de decisión en la familia, pero también han aumentado sus responsabilidades dentro y fuera del hogar, ya que el trabajo doméstico sigue siendo, en su generalidad, una tarea femenina. La incorporación de la mujer a un trabajo en la industria, en el comercio o en cualquier otra área de la producción, ha forzado cambios en la familia; la mayor participación de los hijos en los trabajos del hogar ha puesto en tela de juicio los tradicionales roles asignados a hombres y mujeres, así como las actitudes de sumisión y dominio.

A pesar de los innegables cambios en favor de relaciones familiares más abiertas y con mayor libertad de expresión, también se ha incrementado la separación de las parejas; existe violencia dentro de la familia y abuso del menor, así como un mayor abandono y olvido de los familiares ancianos, que en muchos casos son considerados una carga para la familia. No es raro que los hijos rechacen todo tipo de guía y reglas provenientes de los adultos, y que crezcan, sin orientación suficiente para la vida.

En la sociedad actual muchas personas buscan relaciones alternativas a la familia tradicional; así proponen vivir en familias comunales o en unión libre, entre otras posibilidades.

Todo esto nos habla de que la familia, como forma de organización, está vigente, aunque también está en constante cambio.

La sociedad de fin del siglo XX fue producto, en parte, de la historia y las transformaciones de la familia mexicana. Para conocernos mejor, es importante que reflexionemos acerca de lo que aún conservamos de pasadas formas de organización familiar y de lo que hemos dejado atrás. Podemos identificar cuáles cambios nos han beneficiado o perjudicado, para decidir qué tipo de familia queremos para el futuro.

A pesar de los innegables cambios en favor de relaciones familiares más abiertas y con mayor libertad de expresión, también se ha incrementado la separación de las parejas; existe violencia dentro de la familia y abuso del menor, así como un mayor abandono y olvido de los familiares ancianos, que en muchos casos son considerados una carga para la familia. No es raro que los hijos rechacen todo tipo de guía y reglas provenientes de los adultos, y que crezcan, sin orientación suficiente para la vida.

En la sociedad actual muchas personas buscan relaciones alternativas a la familia tradicional; así proponen vivir en familias comunales o en unión libre, entre otras posibilidades.

 

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LA FAMILIA EN EL SIGLO XlX

LA FAMILIA EN EL SIGLO XlX

LA FAMILIA EN EL SIGLO XlX

En este siglo, la mayoría de las familias vivía en comunidades rurales con una población menor de 500 habitantes. Se dedicaban sobre todo a la agricultura, en la que participaban los niños desde muy pequeños. Ellos se encargaban de cuidar las aves de corral y juntar leña. La mujer realizaba todo el trabajo del hogar: hacía la ropa, molía el maíz, preparaba la comida y cuidaba a sus hijos.

El hombre seguía siendo la autoridad en la familia y el principal sostén de sus integrantes. El compadrazgo era una relación familiar muy importante, gracias a la cual se salvaba del abandono a una gran cantidad de niños que quedaban huérfanos. La muerte materna era frecuente, por falta de atención médica oportuna, dada la lejanía de las comunidades, sobre todo en el sur del país, donde existía cierto aislamiento por la falta de vías de comunicación. 

En este siglo, la mayoría de las familias vivía en comunidades rurales con una población menor de 500 habitantes. Se dedicaban sobre todo a la agricultura, en la que participaban los niños desde muy pequeños. Ellos se encargaban de cuidar las aves de corral y juntar leña. La mujer realizaba todo el trabajo del hogar: hacía la ropa, molía el maíz, preparaba la comida y cuidaba a sus hijos.

El hombre seguía siendo la autoridad en la familia y el principal sostén de sus integrantes. El compadrazgo era una relación familiar muy importante, gracias a la cual se salvaba del abandono a una gran cantidad de niños que quedaban huérfanos. La muerte materna era frecuente, por falta de atención médica oportuna, dada la lejanía de las comunidades, sobre todo en el sur del país, donde existía cierto aislamiento por la falta de vías de comunicación

La familia en la historia

La familia en la historia

Como sea que se integre, la familia sigue siendo el núcleo básico de la sociedad, en la medida en que ella reproduce biológicamente a la especie humana, y en su espacio, se reproduce la identificación con el grupo social. Las principales funciones de la familia son las siguientes:
  • Satisfacer las necesidades básicas del ser humano, tales como: alimentación, habitación, salud, protección, afecto y seguridad.
  • Transmitir a las nuevas generaciones: una lengua y formas de comunicación, conocimientos, costumbres, tradiciones, valores, sentimientos, normas de comportamiento y de relación con los demás, creencias y expectativas para el futuro. Éstos son elementos importantes que vinculan a una familia con la sociedad a la que pertenece.
  • Educar para la vida, es decir, formar a los integrantes de la familia de modo que sean capaces de desarrollarse productivamente como personas, como estudiantes o trabajadores, y como miembros de una comunidad, a lo largo de toda su vida.

Muchas de tales funciones se complementan con las de la televisión, la radio, el periódico y con las de otros grupos, como pueden ser: los amigos y otras personas de la comunidad, los grupos que se forman en las escuelas, los centros deportivos, religiosos y culturales, en los lugares de diversión, las organizaciones de participación ciudadana, entre los más importantes.

La familia ha cambiado a lo largo de la historia de la humanidad. A continuación, se presenta una breve semblanza de la familia mexicana en diferentes épocas, para facilitar el reconocimiento de lo que ha cambiado y lo que permanece a través del tiempo.

 

 
 

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Cultura Cristiana

  1. Observa el video
  2. Conceptue de acuerdo a lo estudiado en clase y lo expuestos en el video

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